En la piel actúa como un reafirmante (inténtalo en rostro, cuello, senos y glúteos), ayuda a mantener la humedad necesaria hidratándola naturalmente, descansa los párpados agotados por la falta de sueño o trajín, disminuye las ojeras y alisa las arrugas.
Los movimientos circulares mientras el hielo se derrite en nuestra piel ayudan a activar la circulación y a cerrar los poros. Este paso es ideal cada vez que desees realizarte un maquillaje perfecto, pues mejora la apariencia del rostro liberándolo de imperfecciones o por lo menos, disimulándolas al máximo.
Para lograr mejores resultados en la cara, lo ideal es lavarse el rostro y cuello con agua tibia para abrir los poros, esto no representa mayor inconveniente para quienes suelen bañarse con agua tibia o ligeramente caliente. Después se lava la cara con el jabón o producto de limpieza adecuado para cada tipo de piel, se enjuaga con abundante agua y se procede a secarse el área por completo. Es en ese momento cuando la piel queda mejor preparada para recibir el frío del hielo y por tanto a surtir los efectos deseados.
Casi de inmediato notarás como tu piel recupera su frescura natural y luce más descansada y estirada. Imagina entonces los resultados con el uso continuo de este mágico truco natural.
Como la piel agradece de increíble forma el uso del hielo, puedes intentar mantener cubos de hielo con preparaciones especiales potencializando así sus efectos. Algunas sugerencias son mantener, por seperado, cubitos de hielo de té verde, manzanilla u hojas de laurel que ayudan a las pieles propensas al acné, para contrarrestrar el efecto de piel grasa, para aliviarla de quemaduras o irritaciones, hidratarla y descansarla después de la depilación de las cejas o el bigote.
Fácil, económico y al alcance de nuestros manos el hielo no debería faltarnos en nuestra rutina de cuidado diario de la piel. Para mí es imperdonable no usarlo.